Si no sabes por qué no puedes dormir, tal vez no sabes por qué tienes que dormir.
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| Aunque las pequeñas siestas nos ayudan a recuperar algo de energía, no deben de remplazar una buena noche de sueño. |
Actualmente la mayoría, o tal vez todas las personas, sabemos lo bueno que resulta el descanso para nuestra salud física y mental. Desde que nacemos pasamos un tercio de nuestra vida durmiendo.
Sabemos
que todos los mamíferos y aves duermen. Los reptiles, peces e insectos
presentan una especie de reposo cotidiano para recuperar energía. Para la
evolución animal esto representa un problema, mientras se duerme se requiere de
tiempo inactivo y relajante, lo cual, convierte a cualquiera que lo hace en una
presa fácil para algún depredador.
“Si
el sueño no cumple una función absolutamente vital, es el mayor error que jamás
haya cometido la naturaleza”, dijo una vez el renombrado investigador del sueño
Allan Rechtschaffen.
Thomas
Alva Edison decía que, “dormir es absurdo, un mal hábito”, él creía que en
algún momento el ser humano debería ser capaz de evitarlo.
Pero
hay algo mucho más complejo que solo ir a la cama y dormir para tener energía
al día siguiente. Durante el descanso el cuerpo continúa desarrollándose celularmente
y regenerándose por el desgaste que conlleva nuestra vida cotidiana. Generamos
sueños mientras el cerebro se altera completamente y se desconecta nuestra
conciencia. El cuerpo se estimula sexualmente tanto en hombre como en mujeres,
no podemos movernos ya que el sistema nervioso es prácticamente desconectado y
llegamos a tener la sensación que estamos volando. Es un cambio completamente
diferente a la manera en que responde nuestro cuerpo mientras nos mantenemos
despiertos en el día.
Parece
que el sueño es una de las funciones biológicas en los seres vivos que apenas
comenzamos a descifrar y entender. Pero desde mucho tiempo atrás ya se
cuestionaba cual es la función que conlleva el descanso.
Friedrich
Nietzsche, en su libro “Así habló Zaratustra” relata como una catedra de la
virtud el pudor al que nos enfrentamos todos los humanos al “buen dormir”. Pues
ahí describe como debemos permanecer en vigilia superándonos a nosotros mismos
durante el día para generar un cansancio reconfortarle en las noches.
Aristóteles
escribió un ensayo, “Sobre el sueño y el insomnio”, donde se cuestionaba que
estamos haciendo y por qué.
Entonces
parecía que poder entender el sueño pertenecía a la filosofía, hasta que hubo
un gran aporte a la ciencia y ocasiono que se adopte al sueño como un tema de
investigación científica. La creación del electroencefalograma (EEG) en 1924
gracias al psiquiatra alemán Hans Berger, abriendo paso al estudio de la
actividad eléctrica del cerebro durante varios comportamientos del cuerpo
humano.
Otro
asombroso aporte a la ciencia que nos ayuda a entender el sueño es el
descubrimiento de los mecanismos moleculares que controlan el ritmo circadiano.
Esto llevo a ganar el premio nobel de fisiología a los científicos Jeffrey C.
Hall, Michael Rosbash y Michael W. Young, en el año 2017. Identificaron el
reloj molecular dentro de nuestras células que tiene como objetivo mantenernos
sincronizados con el sol. De esta manera sabemos que, si el ritmo circadiano se
rompe, seremos más propensos a padecer enfermedades como diabetes, enfermedades
cardiacas e incluso demencia.
¿Qué pasa mientras dormimos?
En
una buena noche de descanso nuestro cuerpo puede experimentar varias etapas del
sueño y cada una presenta cualidades y propósitos únicos.
Etapa
1; cuando decidimos ir a dormir, nos acostamos y apagamos las luces nuestro
ritmo cardíaco comienza a vincularse con el poco flujo de luz, comienza la
función de la melatonina, que es
producida por la glándula pineal, nuestras neuronas comienzan a tener una
comunicación a través de señales eléctricas y químicas de manera uniforme, rítmica
y se presentan ondas de tipo alfa, nuestros receptores sensoriales se relajan y
comenzamos a quedarnos dormidos.
Etapa
2; pasamos casi la mitad del tiempo que dormimos en esta etapa, principalmente
se presenta una serie de actividad eléctrica en la capa externa del cerebro,
hogar de la conciencia y el lenguaje. Esto ayuda a crear las conexiones
neuronales para las actividades realizadas y los conocimientos adquiridos
durante el día. Es como comenzar con el proceso de adquisición de recuerdos.
Etapa
3; comienza el sueño profundo, aquí se comienzan a presentar ondas delta
grandes y onduladas, según lo muestra el EEG. Es parecido a la actividad
cerebral que presenta una persona en coma.
Etapa 4; a pesar que continua el sueño profundo, aquí se presenta la mayor producción de la hormona del crecimiento, la actividad mental es mínima, nuestro cuerpo está completamente relajado y es posible que ni si quiera podamos sentir el dolor. Dura aproximadamente 30 minutos antes de que el cerebro confunda nuestro sueño profundo con estar a punto de la muerte y comience a activarse. Normalmente representamos esto como la sensación de caer.
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| Las ondas de luz rojisas ayudan más a conciliar el sueño mientras las ondas de luz azules nos mantienen alerta. |
Nuestro cerebro no está menos activo mientras dormimos como se pensaba, está activo de diferente forma en comparación a nuestro estado de vigilia.
Investigaciones
recientes también han demostrado el efecto que tienen algunas longitudes de
onda dentro del espectro de luz visible en nuestro cuerpo. Se sabe que las
luces ricas en longitudes de onda azules nos mantienen alerta, así como la luz
del día, mientras las luces de longitudes contrarias o rojas disminuyen este
estimulo de alerta en el cerebro y nos ayudan a dormir mejor.
Movimientos Oculares Rápidos.
La
fase REM, por sus siglas en inglés Rapid Eye Moviment (movimientos oculares
rapidos) se descubrió en 1953, más de una década después de que comenzaron a
mapear las fases 1 y 2 con EEG. Es la parte del sueño donde presentamos los
sueños vividos (que podemos recordar), nuestra actividad cerebral es semejante
como si estuviéramos despiertos, la síntesis de proteínas alcanza su punto máximo
y es donde se consolidan los recuerdos. Esta etapa del sueño se origina en el
sistema límbico de nuestro cerebro.
En
general el sueño REM puede durar hasta una quinta parte del descanso total en
personas adultas y este porcentaje disminuye conforme aumenta la edad.
Experimentamos lo más cercano a la psicosis que es la presencia de
alucinaciones y delirios, creemos que lo estamos viviendo y aceptamos ese
tiempo como si fuera real.
Aun
así, si no hay recuerdos de los sueños, no es ningún problema, la falta de
recuerdos de los sueños son indicativos de un sueño saludable.
Cuando soñamos el cerebro interpreta las imágenes que se recrean y por consecuencia intenta realizar los movimientos correspondientes. Afortunadamente un sistema del tallo cerebral inhabilita las neuronas motoras para evitar estos reflejos y que nos podamos hacer daño mientras dormimos. No obstante, suele ocurrir lo que se conoce como parasomnia, que es un trastorno de conducta en el que se presentan episodios breves y parciales de despertar, pero sin que se interrumpa el sueño. Las personas suelen representar esto cuando dicen “se me subió el muerto”.


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